jueves, 22 de agosto de 2013
La mano amiga ante el infortunio
En el presente ensayo se pretende analizar ciertos aspectos específicos de la novela “El Viejo y el Mar” del emblemático escritor, Ernest Hemingway. Nos centraremos en la relación que existe entre el viejo pescador y su compañero, un muchacho llamado Manolín. Los rasgos que definen su personalidad y su manera de ver el mundo serán el tema central del análisis.
En la novela “El Viejo y el Mar” nos encontramos con Santiago, un viejo pescador que parece estar pasando por un momento de mala suerte. Vemos que al principio de la historia, Santiago se encuentra acompañado de un muchacho llamado Manolín, quien en varias ocasiones lo había acompañado en sus travesías, pero en ese momento, sus padres habían decidido que no era bueno que él siguiera siendo el ayudante del viejo. La aparente mala suerte de Santiago es la razón por la cual los padres del muchacho lo envían a otro bote.
A pesar de esto, Manolín siempre se muestra preocupado por el viejo Santiago. La actitud optimista y colaboradora del muchacho sale siempre a relucir. Todas las mañanas ayuda al viejo a prepararse y constantemente lo vemos llevándole comida y haciéndole compañía. Esta actitud del muchacho podría interpretarse como una muestra de agradecimiento hacia Santiago, ya que fue este quien le enseñó a pescar cuando era niño. Hemingway intenta representar la figura del personaje que nunca olvida los favores recibidos. A pesar de que el muchacho ha crecido y ya se encuentra trabajando con otros pescadores, él no se olvida del primer maestro que tuvo en la vida. El autor reflexiona sobre las raíces que debe tener todo ser humano. La personalidad del muchacho nos impulsa a recordar quiénes fueron las primeras personas que nos enseñaron la manera correcta de hacer las cosas. Por otro lado, visto desde el punto de vista del viejo pescador, éste se da cuenta que valió la pena haberle enseñado al muchacho los fundamentos del oficio pesquero, ya que este es el único compañero que tiene en ese momento de su vida. En muchas ocasiones, Manolín se da cuenta de que el viejo no cuenta con las herramientas necesarias para llevar a cabo su trabajo. A pesar de que este le dice que tiene todo lo que necesita, él sabe que no es así y que incluso, muchas veces no tiene nada que comer.
“No había ninguna atarraya. El muchacho recordaba que la habían vendido. Pero todos los días pasaban por esta ficción. No había ninguna cazuela de arroz amarillo con pescado, y el muchacho lo sabía igualmente”. En este pasaje podemos observar que Manolín se da cuenta de las precarias condiciones en las que vive el viejo, por eso decide ayudarlo siempre. En algunos momentos el lector puede llegar a pensar: ¿Qué sería de la vida del pescador sin la presencia de este muchacho? Vemos que el viejo Santiago sencillamente no podría sobrevivir sin la invaluable ayuda de su compañero.
Al final de la historia, cuando el viejo pescador regresa de su travesía con el esqueleto del pescado muerto, vemos que el muchacho lo ha estado esperando por varios días. Sabemos que el espíritu de Manolín siempre estuvo presente en toda la historia a pesar de no haber acompañado al viejo físicamente.
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